
Soy un gato viejo. Me gusta estirarme, dormir mucho, acurrucarme y ronronear cuando me hacen cariño. Soy floja, y no hay mejor panorama para un domingo, que quedarme en casa sin hacer nada productivo. Si bien me gusta la buena mesa, la mayoría de las veces prefiero la insípida comida envasada, antes que cansarme en perseguir a un delicioso ratón. Y que decir del agua… si tengo ropa puesta, que ni se me acerque una gota. Nada más desagradable que caminar toda mojada, y con los lentes llenos de gotas que no me dejan ver.
El viernes hubo carrete, pero no fui. Estaba lloviendo mucho, con rayos y truenos, y como buen gato viejo, agotada de una larga semana y con dolor de rodillas por los cambios atmosféricos (cosas que se sienten desde cierta edad), me quedé en casita, tomando té caliente, envuelta en una frazada de polar, y con un guatero en la espalda… mirando como el cielo se iluminaba con los relámpagos, y la lluvia caía más torrencialmente luego de cada trueno
Seré un gato viejo, pero me gusta. Disfruto cosas que antes no valoraba, con más calma, mayor contemplación, y la vida ya casi no me estresa. Creo que voy por buen camino, y cada día estoy mejor conmigo misma, más tranquila, más feliz… más completa.
El viernes hubo carrete, pero no fui. Estaba lloviendo mucho, con rayos y truenos, y como buen gato viejo, agotada de una larga semana y con dolor de rodillas por los cambios atmosféricos (cosas que se sienten desde cierta edad), me quedé en casita, tomando té caliente, envuelta en una frazada de polar, y con un guatero en la espalda… mirando como el cielo se iluminaba con los relámpagos, y la lluvia caía más torrencialmente luego de cada trueno
Seré un gato viejo, pero me gusta. Disfruto cosas que antes no valoraba, con más calma, mayor contemplación, y la vida ya casi no me estresa. Creo que voy por buen camino, y cada día estoy mejor conmigo misma, más tranquila, más feliz… más completa.